Hoy he comido con una familia de Bilbao. Las primeras amistades nuevas que sabían lo que es una alboka. ¿O quizá ha habido más…?
El penetrante timbre de la alboka obliga a buscar lugares apartados para practicar, pero como me gustan los entornos solitarios siempre encuentro algun rincón.
Suelo aprovechar el momento más caluroso para sacar las partituras y descansar las piernas.
Sólo o en la costa galegoportuguesa estuve varios días sin tocar.
Parece que voy aprendiendo. A ver si aprendo lo suficiente para jugar un poco con la gente en Marruecos. Hasta ahora por lo menos nadie ha tenido el valor de quejarse.