Sil

Ayer fue un día como para que la más rancia/o se enamorase del cicloturismo. Mañana fresca por los viñedos del Sil, carreteras aromáticas que vuelan por encima de las autopistas…

A Rúa

Como siempre fueron unos cuantos kilómetros más de los deseados (no aprendo), pero el premio fue inmejorable. Augas Mestas, donde confluyen el Sil y el Lor.

Augas Mestas, al lado de un complejo campinístico que (afortunadamente) de momento está cerrado.

Aquí también he hecho amistades. Diego, soplagaitas como yo, que me dio buenas indicaciones para el camino, Sandra y unas niñas/os vivísimas/os. Les encantó la alboka. A las amistades de días pasados aún les debo un pequeño homenaje.

Descartada la idea de la Vía de la Plata, visitaré a una familia amiga en Galicia y bajaré por Portugal si no me come el turismo.

¡¡Besos a todas/os!!

Bienvenida húmeda

Antes de seguir con las primeras experiencias, una más fresca:

Siguiendo un consejo bienintencionado me metí en pleno camino santiaguiri. Todo megaturistico, seguí adelante pero el panorama no cambiaba. O acreditación de peregrina/o o visa, no hay más, y la acogida de la gente nada que ver con los pueblecitos de días pasados.

Por fin, en Cacabelos, después de preguntar a un par de vecinos, localicé un cesped divino al lado del río. Esperé hasta que anocheció y me metí hasta la zona menos visible. Era un lugar estupendo. Disipadas las dudas, me dormí.

¿Quién lo iba a pensar…?

A las dos de la mañana noté un chaparrón. ¿Será posible? Chachachachachachacha… La guardia armada invisible de Cacabelos me atacaba con tanques de agua, por delante y por detrás. No me conocían, me enrollé en la loneta de debajo de la esterilla y empecé a contar los minutos. -Aquí no les sobra el agua y en algún momento se les acabará la munición-. Y acerté. No sé si fue media hora o entera, pero se retiraron humillados poco antes de que se me calasen el saco y todo lo demás. No se ha visto por aquí un peregrino así.

Hoy a mediodía he secado todo y he pedido a Tutatis que me aparte para siempre de este maldito Camino. De nuevo protegido por las montañas, he recuperado a la gente amable y las iglesias románicas a mi medida. Esas las resumiré en otro post.