Nuevas amistades y seguimos pedaleando

El descanso obligado ha tenido su premio, a pesar del viento. Paisajes preciosos, nubes, viñedos infinitos, el aire en los dedos de los pies (pedalear en chancletas es una gozada)…

Y sitio para acampar asegurado durante dos días. No se puede pedir más en un lugar donde todo el terreno durante kilometros y kilometros está vallado. De hecho, hoy he ensayafo al borde de la carretera, cierto que con unas vistas preciosas.

Otras vallas son feas, pero prácticas. En la foto, prototipo de recogebasuras eólico, lástima que no venga nadie a recogerla.
Por esta puedes pasar a turnos. Estremoz.

Aprovecho este post para saludar a las últimas nuevas amistades que me han acompañado. Algunas lejanas y otras más cercanas de lo esperado.

Marco, camino a Lisboa. Nos encontramos dos días. Aupa tú!
Elios, joven cubano inteligentísimo. Los dos llevábamos semanas sin hablar en castellano.
Familia Valenciana simpática y alegre, vecinas/os geniales durante tres días. He emborronado las caras de las chicas/os por lo de la intimidad, mandadme un mensaje y os paso la original.
La otra familia vecina, de Santutxu. Qué pequeño es Bilbo! Como tienen hasta guitarrista, seguro que a la vuelta hacemos algun kantaldi. Ondo pasa!

Se busca lugar de ensayo

Hoy he comido con una familia de Bilbao. Las primeras amistades nuevas que sabían lo que es una alboka. ¿O quizá ha habido más…?

Por este pueblecito portugués sí que ha pasado algun/a otra/o albokari.

El penetrante timbre de la alboka obliga a buscar lugares apartados para practicar, pero como me gustan los entornos solitarios siempre encuentro algun rincón.

Suelo aprovechar el momento más caluroso para sacar las partituras y descansar las piernas.

En el interior de Portugal, en agosto, sólo sobreviven las/os albokaris con mayor sombra (en euskera, también significa fama).

Sólo o en la costa galegoportuguesa estuve varios días sin tocar.

¡Cuidado! En las primeras 12 millas paralelas a la costa está prohibido verter residuos y tocar la alboka.

Parece que voy aprendiendo. A ver si aprendo lo suficiente para jugar un poco con la gente en Marruecos. Hasta ahora por lo menos nadie ha tenido el valor de quejarse.

En Portugal también hay pueblos alboka-friendly.