Viejas amigas/os

Si conocer nuevas amistades es motivo de alegría, descansar con personas que quieres no tiene precio.

Reencontrarse con íntimas amigas/os da más sentido al viaje.

Iba por León cuando recibí la invitación para Vilanova de Arousa. Abandoné la idea de bajar por Astorga y así bajé el ritmo y el cansancio acumulado en las etapas anteriores, porque no convenía llegar demasiado pronto.

Con Txabi, Maider, Eneko, Eukene y Leixuri he pasado un cumpleaños que no esperaba en el paraíso de Arousa. Gracias, familia!!!

Aquí también ha surgido la idea para un nuevo blog: albokayak!

En los primeros kilómetros se echan un poco en falta las comodidades domésticas, pero no se tarda mucho en ocupar la cabeza con las tres cosas de rigor: agua, comida y un lugar para dormir. Ahora a ver si deja de llover para entrar en Portugal.

Nuevas amistades

De las historias que cuento con retraso, la más importante es la de las nuevas amistades encontradas por el camino. Cada una se merece su propio homenaje, pero el tiempo fluye caprichoso y tendré que juntaros en este post. ¡Seguro que os caéis bien!

De algunas/os no tengo fotos por falta de reflejos o de respeto (no me gusta interrumpir un encuentro sólo para dejarlo registrado), pero también os llevo conmigo.

(En orden cronológico)

Valva y Victor, viajeros empedernidos. Me dieron multitud de consejos para Marruecos en Espinosa. ¡Gracias!
Joxe, bombero gipuzcoano. Me encontré con él dos días consecutivos, él a pie y yo en bicicleta. ¡Menuda forma!
Bosco, el McGuiver madrileño, tiene una furgoneta más molona que la del equipo A. Especialista en Marruecos, me facilitó muchas rutas y herramientas.

Dos policías municipales montañeros de Aguilar de Campoó fueron amabilísimos conmigo en una iglesia remota. Pena no haberles dado mi contacto.

Gracias a Noelia, guía de San Miguel de Escalada, que me permitió pasar la noche allí.

En Villamor de Órbigo conocí a Isaac, que trabajó muchos años en Portugalete. También a José y a Mónica, majisimos.

No me quedé con fotos en Viñales, pueblo sin bar donde han arreglado un espacio estupendo para que se junten las paisanas/os (y para que acampara este viajero). Gracias a Jesús el ciclista, a Pepe el alcalde y a las demas.

Un abrazo también a Diego, el pescador de Monforte, a Sandra, a las niñas… Les dieron alegría y buenos consejos a mis etapas más solitarias.

Gracias a mi nueva familia de Ouzande. Manolo, Vanesa, Conchi, Antonio… y, cómo no, a Sete y a Javier. Tenía intención de dormir bajo la iglesia del pueblo, pero en lugar de eso me alojaron en su casa. Sois un encanto.

Un homenaje también a todos los encuentros anónimos que le dan color al viaje y que se graban en el corazón.

¡Un gran abrazo a todas/os!